Artículo publicado en Revista Canal Solar – Vol. 6, Núm. 6, Octubre/2025
El sector eléctrico brasileño está experimentando una profunda transformación, impulsada por la expansión de la energía solar y eólica. Si bien estas fuentes ofrecen beneficios ambientales y estratégicos, su intermitencia plantea importantes desafíos para la estabilidad del sistema eléctrico.
Si bien el Sistema Nacional Interconectado (SIN) de Brasil enfrenta deficiencias técnicas y regulatorias, las soluciones tecnológicas como las redes inteligentes y los sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) están emergiendo como herramientas esenciales para garantizar una mayor confiabilidad, flexibilidad y seguridad del suministro eléctrico.
En este contexto, una acción regulatoria ágil y coordinada será crucial para facilitar la integración de estas soluciones y consolidar el progreso de la transición energética en Brasil. Gracias a su tamaño continental y a la abundancia de recursos naturales, Brasil ha consolidado a lo largo de las décadas una matriz eléctrica predominantemente renovable, basada principalmente en la energía hidroeléctrica.
Sin embargo, en los últimos años, el país se ha distinguido como uno de los líderes mundiales en generación de energía solar. Para 2025, la energía solar superará los 60 GW de capacidad instalada, alcanzando el 23,5 % de la matriz eléctrica nacional y convirtiéndose en la segunda fuente de generación más importante del país.
Las proyecciones indican que, para 2031, la energía solar y eólica combinadas podrían representar alrededor del 47% de la matriz eléctrica de Brasil; una transformación notable en comparación con 2002, cuando la energía hidroeléctrica representaba casi el 90% de la generación y otras fuentes renovables aún tenían una presencia incipiente.
Sin embargo, el rápido crecimiento de las fuentes renovables intermitentes, especialmente la energía solar, plantea nuevos desafíos. La variabilidad inherente a estas fuentes, junto con la ausencia de un despacho centralizado por parte del Operador Nacional del Sistema (ONS), ha provocado sobrecargas y recortes de generación (limitación) en el Sistema Nacional Interconectado (SIN).
Ante este panorama, surge una pregunta: ¿es posible expandir el sistema eléctrico brasileño de manera confiable y resiliente en los próximos años utilizando fuentes renovables intermitentes?
En este nuevo paradigma tecnológico, las redes inteligentes y los sistemas de almacenamiento de energía emergen como soluciones fundamentales, junto con el desarrollo de un marco regulatorio apropiado.
Las redes inteligentes utilizan tecnologías avanzadas y comunicación bidireccional para gestionar de forma eficiente la oferta y la demanda de energía. Estas redes incorporan dos conjuntos principales de funcionalidades:
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Visibilidad en tiempo real: Mediante contadores inteligentes, sensores distribuidos y sistemas avanzados de control supervisorio y adquisición de datos (SCADA), es posible monitorizar continuamente las condiciones de la red, garantizando un control preciso de parámetros como la tensión, la frecuencia y los flujos de energía.
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Control descentralizado y activo: Los algoritmos de despacho, los programas de respuesta a la demanda y los mecanismos de reconfiguración automática permiten que los consumidores, los generadores distribuidos y las microrredes actúen como agentes de equilibrio, mitigando las fluctuaciones resultantes de la intermitencia de las fuentes renovables.
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