Tras diez años de investigación, el Instituto CSEM Brasil, un centro privado de investigación aplicada sin fines de lucro, ubicado en Belo Horizonte (MG), ha desarrollado un panel fotovoltaico orgánico. Con una baja huella de carbono y un potencial de costo muy bajo, el equipo fue desarrollado para su integración en edificios gracias a su alta flexibilidad, ligereza, transparencia y disponibilidad en diferentes colores.
El panel consiste en una película plástica impresa con tintas de carbono y puede transformar la energía solar en energía eléctrica. El objetivo del proyecto no era crear un sistema que compitiera con los módulos fotovoltaicos existentes, sino aplicar paneles solares en diversas situaciones, como fachadas de edificios, techos, vehículos y carcasas de teléfonos móviles.
Según el instituto, la producción de paneles fotovoltaicos orgánicos es relativamente sencilla. “Una prensa similar a las que se utilizan para los periódicos imprime cinco capas de tinta sobre la película plástica, con dos capas intermedias encargadas de la creación de electrones, una superior para conducir cargas positivas, otra inferior que lleva cargas negativas y un terminal metálico que cierra el circuito”, explica el instituto.
A lo largo del proyecto, los científicos descubrieron que la radiación de luz azul interfería en la calidad final del material impreso. Debido a la sensibilidad del material, la iluminación del laboratorio se realiza con estas luces amarillas especiales.
Aún así, según el instituto, en comparación con los paneles fotovoltaicos de silicio tradicionales presentes en el mercado, las diferencias son muchas. El nuevo panel es ligero, flexible, relativamente transparente, fácil de aplicar en diferentes superficies, producido únicamente con materiales orgánicos y, en consecuencia, más sostenible.