China avanza en su transición energética con un proyecto de escala sin precedentes en el desierto de Kubuqi, en Mongolia Interior. Conocida como la "Gran Muralla Solar", la planta combina la generación de energía renovable con la restauración ambiental, y actualmente se extiende por 400 km. Una vez finalizada en 2030, podría alcanzar una capacidad instalada de 100 GW.
Más que una simple planta solar, el proyecto es una intervención ecológica a gran escala. La estructura actúa como barrera contra la desertificación, con vegetación plantada bajo los paneles, riego por goteo con energía solar y la reutilización del agua de la mina. El objetivo es regenerar el suelo y estabilizar las dunas que amenazan las regiones cercanas.

Además de los beneficios ambientales, la "Gran Muralla Solar" también aporta beneficios sociales y económicos a la región. La instalación crea empleo, impulsa la ganadería mediante el cultivo de forraje bajo los paneles e impulsa las cadenas de producción locales.
La iniciativa destaca la ambición de China de liderar la transición energética global, con una combinación excepcional de escala, innovación e impacto ambiental. El desierto de Kubuqi, antaño símbolo de degradación, proyecta ahora un futuro energético sostenible para ciudades como Pekín y otras.
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