La escalada del conflicto que involucra a Irán ha expuesto una vez más la vulnerabilidad de las economías dependientes del petróleo y el gas y abre la puerta a un renovado debate global sobre la seguridad energética, un tema que terminó sin definiciones claras durante la COP30 en Brasil el año pasado.
La reciente inestabilidad en los mercados internacionales de combustibles debería alentar una vez más a los gobiernos y a las empresas a reevaluar sus estrategias a largo plazo, especialmente ante la volatilidad de los precios y el riesgo de interrupciones del suministro.
Los momentos de crisis geopolítica suelen acelerar los cambios en la matriz energética, tanto por razones económicas como de seguridad nacional, especialmente en países que dependen en gran medida de las importaciones de combustibles fósiles.
En una entrevista reciente con el Financial Times, Bobby Hollis, vicepresidente global de energía de Microsoft, afirmó que el panorama actual refuerza el argumento a favor de la expansión de las fuentes de energía renovables y el almacenamiento de energía. El ejecutivo destacó que el reciente aumento de los precios del petróleo y el gas subraya la importancia de una red eléctrica menos susceptible a las fluctuaciones del mercado de combustibles.
Según Hollis, tecnologías como la solar y la eólica contribuyen a una mayor previsibilidad de los costos a lo largo del tiempo. En su opinión, es posible tener mucha más certeza sobre el perfil real de costos que al depender de combustibles sujetos a fluctuaciones. Añade que la flexibilidad de los combustibles es una idea esencial, aunque no revolucionaria, para afrontar tiempos de escasez.
Las crisis repiten lecciones ya aprendidas.
El ejecutivo recordó que el sector energético se enfrentó a una situación similar recientemente, poco después de la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando varios países europeos se vieron obligados a reconsiderar su dependencia del gas importado. La respuesta incluyó una mayor diversificación de proveedores y una mayor inversión en fuentes renovables.
Es probable que el nuevo episodio de tensión produzca un efecto similar. Si bien algunos gobiernos podrían reaccionar aumentando las reservas de combustibles fósiles para asegurar el suministro inmediato, la tendencia a mediano plazo es intensificar los programas destinados a expandir las energías limpias y electrificar la economía.
En Europa, la dependencia externa sigue siendo alta. Estimaciones citadas por expertos indican que el continente aún importa alrededor del 90% de los combustibles fósiles que consume, lo que aumenta su exposición a las crisis internacionales y refuerza el argumento a favor de la diversificación de la matriz energética.
El conflicto actual también pone en tela de juicio el papel del GNL (Gas Natural Licuado) como puente hacia la descarbonización. Según el Financial Times, las crisis del mercado de materias primas socavan por completo el argumento a favor del GNL como combustible de transición accesible y fiable, especialmente para las economías emergentes.
Los países asiáticos, que se proyectaban como los mayores mercados de crecimiento para el gas, ahora podrían reconsiderar sus planes de infraestructura para evitar quedar a merced de la incertidumbre geopolítica.
Los desafíos persisten
Sin embargo, el avance de las fuentes de energía renovables no elimina por completo los riesgos. Las interrupciones en las cadenas de suministro, la inflación y el aumento de los costos financieros pueden retrasar los proyectos y obstaculizar la expansión de la infraestructura necesaria para la transición energética.
Además, la dependencia de los combustibles fósiles sigue siendo estructural en muchos países, lo que significa que las crisis geopolíticas tienen consecuencias inmediatas. En tiempos de escasez, los gobiernos podrían verse obligados a recurrir de nuevo al carbón, el gas o el diésel, incluso si esto contradice los objetivos climáticos.
Por otra parte, la inestabilidad también ha impulsado cambios estratégicos. En ÁsiaPor ejemplo, la turbulencia en el mercado energético internacional ha llevado a algunos países a aumentar las inversiones en electrificación, eficiencia energética y generación renovable para reducir la exposición a shocks externos.
La principal lección de los acontecimientos recientes es que los sistemas basados en combustibles importados siguen siendo vulnerables a eventos que escapan al control gubernamental. Las fuentes renovables, por otro lado, si bien requieren una inversión inicial significativa, tienden a ofrecer mayor previsibilidad y seguridad a largo plazo.
La nueva crisis en Oriente Medio vuelve a poner de relieve, por tanto, un dilema recurrente: asegurar el suministro inmediato sin comprometer la transición hacia un sistema energético menos dependiente de los combustibles fósiles, un equilibrio que, según los expertos, seguirá siendo uno de los principales retos de la política energética global en las próximas décadas.
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