Menos de un tercio de los 197 países que firmaron el Acuerdo de París tienen algún tipo de plan para eliminar gradualmente los combustibles fósiles de su combinación energética.
La conclusión es parte de un informe publicado este martes (6) por el centro de investigación IISD (Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible), de Canadá, con participación de las organizaciones E3G (Reino Unido), Ecco (Italia), Sefia (Turquía) y el Observatorio del Clima (Brasil).
Según la encuesta, solo 46 países cuentan con algún tipo de plan estructurado para descarbonizar el sector eléctrico. Además, solo otros 11 países —incluidos el Reino Unido, Noruega, Colombia y Brasil— están debatiendo medidas para limitar o reducir el suministro de petróleo, gas y carbón.
El debate sobre la vía global para reducir la dependencia de los combustibles fósiles ha cobrado aún más urgencia en las últimas semanas, en medio de la guerra en Oriente Medio, que ha provocado un aumento repentino de los precios del petróleo. El conflicto ha reavivado la preocupación por el impacto de la volatilidad energética en la inflación y el crecimiento económico mundial.
En este contexto, está previsto que en abril gobiernos y profesionales se reúnan en la ciudad de Santa Marta, Colombia, para la primera conferencia internacional dedicada a discutir estrategias de transición energética.
Según expertos en políticas públicas, el progreso en la descarbonización a nivel mundial dependerá de la adopción de hojas de ruta nacionales claras alineadas con la ciencia climática, así como de una mayor coordinación internacional.
En la práctica, esto implica vincular la disminución del uso de combustibles fósiles a la expansión de las energías renovables y a la electrificación de la economía, así como reformar los subsidios al petróleo, el gas y el carbón.
El estudio también recomienda que los países planifiquen el desmantelamiento de activos de combustibles fósiles, promuevan la recuperación ambiental en las zonas afectadas y desarrollen estrategias de diversificación económica, especialmente en economías que dependen en gran medida de la producción de esos recursos.
Según los autores, sin estos elementos, la transición energética corre el riesgo de producirse de forma fragmentada y descoordinada, con los países ampliando la oferta de combustibles fósiles que podrían no encontrar demanda en el futuro.
Según el informe, este escenario aumentaría los riesgos fiscales y la posibilidad de activos varados, además de comprometer las oportunidades para fortalecer la competitividad económica y la seguridad energética.
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