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Artículo técnico

Mucho más allá del control de supervisión: la importancia de las pruebas eléctricas periódicas en las plantas fotovoltaicas.

La termografía, las pruebas de curva I-V y las pruebas eléctricas ayudan a detectar fallos antes de que afecten a la generación de energía y a la seguridad de la planta.

Foto: Archivo propio

El rápido crecimiento de las plantas fotovoltaicas en Brasil ha planteado un nuevo desafío para el sector: garantizar que los activos mantengan su rendimiento, seguridad y fiabilidad durante toda su vida útil.

En muchos proyectos, existe una gran preocupación durante la fase de implementación y puesta en marcha inicial, pero una reducción significativa en el nivel de soporte técnico después del inicio de las operaciones.

En la práctica, esta falta de inspecciones periódicas y pruebas especializadas puede provocar pérdidas silenciosas de energía, degradación prematura de los equipos, mayor riesgo de incendio y menor disponibilidad operativa de la planta.

Las principales normas internacionales de operación y mantenimiento para sistemas fotovoltaicos, así como los documentos técnicos relevantes sobre el tema, como IEC 62446-1, IEC 62446-2, las guías del NREL (Laboratorio Nacional de Energías Renovables), SolarPower Europe e IEA-PVPS, destacan que las actividades de inspección periódica, mantenimiento preventivo y pruebas eléctricas son fundamentales para preservar el rendimiento y la seguridad de las centrales eléctricas a lo largo de los años.

La norma IEC 62446 establece que las pruebas realizadas durante la puesta en marcha también pueden utilizarse en las reinspecciones periódicas y en las actividades de mantenimiento de la planta, especialmente en sistemas sujetos a envejecimiento, condiciones climáticas adversas o entornos agresivos.

La pérdida de rendimiento no siempre es perceptible en el sistema de supervisión.

Uno de los mayores problemas en las plantas fotovoltaicas es que muchas fallas se desarrollan lentamente y permanecen "invisibles" para los sistemas de supervisión convencionales. A menudo, la planta continúa generando energía y no muestra alarmas críticas, pero ya está operando con pérdidas significativas.

Las conexiones con alta resistencia, los módulos con puntos calientes, la degradación inducida por potencial (PID), el desajuste de la cadena, la infiltración de humedad, las fallas de los diodos de derivación, la suciedad excesiva, los conectores defectuosos y los problemas de conexión a tierra son ejemplos clásicos de fallas que pueden permanecer sin identificar durante meses o años.

En centrales eléctricas de tamaño mediano y grande, como las de minigeneración y las centrales centralizadas, las pequeñas pérdidas distribuidas en cientos o miles de cadenas de distribución pueden tener un impacto financiero muy significativo a largo plazo. Además, ciertos defectos aumentan considerablemente el riesgo de fallos catastróficos, como arcos eléctricos, fusión de conectores e incendios.

Por lo tanto, el concepto moderno de operación y mantenimiento en las centrales de energía solar ha ido más allá del simple mantenimiento correctivo y ha llegado a incorporar un enfoque predictivo y de diagnóstico, basado en inspecciones periódicas y pruebas especializadas.

Termografía: una de las pruebas más importantes de la planta.

La termografía infrarroja es actualmente una de las herramientas más importantes en el mantenimiento preventivo de las centrales fotovoltaicas.

Su principal ventaja es que permite identificar anomalías térmicas sin necesidad de detener la planta. Las inspecciones termográficas pueden realizarse con drones o cámaras portátiles, según el tipo de análisis deseado.

Entre los principales problemas detectados mediante termografía, destacan los siguientes: puntos calientes en los módulos; celdas dañadas; fallos en los diodos de derivación; conectores sobrecalentados; fusibles defectuosos; mal contacto en los terminales; cadenas desequilibradas; sobrecalentamiento en inversores, cuadros de distribución principales y transformadores.

La norma IEC 62446-3 establece directrices específicas para las inspecciones termográficas de sistemas fotovoltaicos, incluidos los criterios de ejecución, las condiciones ambientales y la clasificación de las anomalías térmicas.

Además del impacto directo en la generación de energía, varios estudios indican que las anomalías térmicas pueden convertirse en graves fallos de seguridad si no se abordan de forma preventiva.

Diversas guías técnicas y documentos importantes sobre este tema recomiendan las inspecciones termográficas periódicas como parte esencial de la estrategia de mantenimiento preventivo para las plantas fotovoltaicas.

En la práctica, muchas empresas especializadas realizan inspecciones termográficas anuales en centrales eléctricas a gran escala, especialmente antes de períodos de mayor irradiancia.

Figura 1: La termografía identifica un cortocircuito entre siete módulos de una cadena.

Curva IV: el “examen clínico” de las cadenas fotovoltaicas

Entre las pruebas eléctricas más relevantes para evaluar la salud de las plantas, destaca la prueba de curva IR. Esta prueba permite evaluar eléctricamente el comportamiento de las cadenas fotovoltaicas, comparando los resultados medidos en campo con los valores esperados por el fabricante, corregidos según la irradiancia y la temperatura.

El análisis de la curva I-V permite identificar: cadenas de baja potencia; desajuste entre módulos; degradación prematura; problemas de conexión; sombreado; suciedad excesiva; fallos de los módulos; cambios en el factor de forma de la curva (factor de llenado).

La prueba de la curva I-V se considera una de las metodologías importantes para la verificación y el mantenimiento de sistemas fotovoltaicos. Además, los fabricantes y las referencias técnicas internacionales recomiendan comparar las curvas con mediciones históricas de la propia planta, lo que permite monitorizar las tendencias de degradación a lo largo del tiempo.

En muchas situaciones prácticas, la curva I-V puede identificar problemas que no son evidentes ni en la termografía ni en el sistema de supervisión de la planta. La figura 2 muestra una sutil diferencia en la curva I-V de una cadena de inversores que suele ser imperceptible en las pruebas termográficas y en la monitorización del sistema.

Figura 2: Cadena con una ligera desviación de generación en comparación con las demás.

Pruebas eléctricas e inspecciones complementarias

Además de la termografía y las pruebas de curvas IR, los programas de O&M suelen incluir otras pruebas importantes, como:

Inspección visual detallada

La inspección visual detallada permite identificar: deslaminación del módulo; grietas; corrosión; infiltración de agua; cables dañados; estructuras oxidadas; conectores inadecuados; problemas mecánicos en los seguidores solares.

A pesar de su sencillez, la inspección visual sigue siendo una de las actividades más importantes en el mantenimiento preventivo.

Figura 3: Conducto corrugado cortado, lo que permite la infiltración de agua y futuros problemas de aislamiento deficiente en las cadenas de CC.

Medición de resistencia de aislamiento

Esencial para identificar la degradación eléctrica, la infiltración de humedad y las fallas de aislamiento en circuitos de CC. Los problemas de aislamiento suelen estar asociados con fallas intermitentes, disparos de protección y riesgos de arco eléctrico.

Los inversores fotovoltaicos modernos suelen incorporar funciones de monitorización del aislamiento capaces de detectar fallos a tierra o desacoplamientos, así como degradaciones críticas del aislamiento durante el funcionamiento.

Sin embargo, estos sistemas integrados actúan principalmente como mecanismos de protección y seguridad operativa, y no sustituyen las pruebas periódicas de resistencia de aislamiento realizadas sobre el terreno con los instrumentos adecuados.

Esto se debe a que las fallas incipientes, la degradación intermitente, la humedad localizada, las microfisuras en los cables y los problemas que surgen solo bajo ciertas condiciones ambientales pueden no detectarse con precisión mediante la monitorización continua del inversor.

Por lo tanto, las pruebas de aislamiento específicas siguen siendo esenciales para una evaluación más exhaustiva de la integridad eléctrica del sistema fotovoltaico y para la identificación temprana de defectos que pueden provocar interrupciones recurrentes, pérdidas de generación e incluso arcos eléctricos o incendios.

Figura 4: Prueba de resistencia de aislamiento en los cables de CA que conectan los inversores al cuadro de distribución principal.

Pruebas de equipos de media tensión

En las centrales eléctricas de mayor tamaño, también se recomiendan inspecciones periódicas y actividades de mantenimiento preventivo para: transformadores; aparamenta; interruptores automáticos; transformadores de corriente (TC) y transformadores de potencial (TP); relés de protección; sistemas de supervisión y comunicación.

Figura 6: Prueba de las funciones de protección de un relé mediante un caso de prueba.

¿Qué frecuencia debo adoptar?

La frecuencia depende del tamaño de la planta, la criticidad del activo, las condiciones ambientales y los requisitos contractuales de operación y mantenimiento (O&M). Sin embargo, la Tabla 01 presenta ejemplos de frecuencias recomendadas basadas en buenas prácticas de O&M en plantas fotovoltaicas.

Tabla 1: Ejemplos de periodicidades recomendadas en buenas prácticas de operación y mantenimiento en plantas fotovoltaicas.

Actividad Frecuencia habitual en O&M
monitoreo remoto Continuo
inspección visual Mensual, trimestral o según sea necesario.
termografía Anual o semestral
Curva IV Anual, bienal o basado en el rendimiento.
Pruebas de aislamiento anual
Comprobación de puesta a tierra anual
Limpieza del módulo Basado en el análisis de la suciedad local y las condiciones ambientales.
Inspección del rastreador Semestral o anual

Documentos de NREL, SolarPower Europe e IEC refuerzan la idea de que los programas preventivos bien estructurados reducen el tiempo de inactividad, aumentan la fiabilidad y mejoran la rentabilidad del proyecto a largo plazo.

La operación y el mantenimiento modernos se basan en datos y diagnósticos.

El funcionamiento y el mantenimiento de las plantas fotovoltaicas han evolucionado significativamente en los últimos años. Hoy en día, las empresas más consolidadas del sector ya no dependen únicamente de las alarmas de supervisión o del mantenimiento correctivo tras fallos graves.

La tendencia global apunta hacia el uso combinado de: monitoreo continuo; inspecciones periódicas; pruebas especializadas; diagnósticos predictivos; historial de desempeño; e inteligencia analítica.

Este enfoque permite detectar fallos en una fase temprana, reduciendo las pérdidas de energía y aumentando la vida útil de los activos. En un contexto de márgenes cada vez más ajustados y creciente profesionalización del sector solar, el mantenimiento basado únicamente en la corrección de fallos ya no es suficiente.

La fiabilidad operativa de la planta depende directamente de la calidad de las inspecciones técnicas y de la exhaustividad de las pruebas realizadas a lo largo de la vida útil de la planta.

Las opiniones e información expresada son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representan la posición oficial del autor. Canal solares.

Geraldo Silveira
Acerca del Autor
Geraldo Silveira

Gerente de Ingeniería en CS Consultoria. profesor de cursos Canal Solar y estudios de posgrado en Protección de Sistemas de Energía Eléctrica en la PUC/MG. Maestría en Ingeniería Eléctrica por la UFMG (Universidad Federal de Minas Gerais). Graduado en Ingeniería Eléctrica por UNIFEI (Universidad Federal de Itajubá). Especialista en energía solar fotovoltaica con experiencia en el diseño, ejecución y evaluación de plantas solares.

Comentários (1)

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  • Gilberto

    Enhorabuena por el artículo, Geraldo. La monitorización individual de los módulos fotovoltaicos mediante un optimizador de potencia sería otra técnica relevante en el mantenimiento predictivo.

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