Después de 14 años fuera de operación, la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, una de las más grandes del mundo, con una capacidad instalada de alrededor de 8,2 GW, reanudó sus operaciones este miércoles (21), en la provincia de Niigata, Japón.
El complejo está operado por TEPCO, la misma empresa responsable de la planta nuclear de Fukushima Daiichi, que sufrió una fusión del reactor en marzo de 2011 después de un terremoto seguido de un tsunami.
En un comunicado publicado en su página de LinkedIn, la compañía anunció el inicio de las pruebas operativas en una de las unidades de la planta. "Hoy, TEPCO recibió la aprobación de la Autoridad Reguladora Nuclear para la prueba de operación del reactor en la Unidad 6 de la Central Nuclear de Kashiwazaki-Kariwa", destacó el comunicado.
A las 19:02 (hora local) del 21 de enero de 2026, se retiraron las barras de control, iniciando así la puesta en marcha del reactor. Dado que han transcurrido aproximadamente 14 años desde la última operación de la planta, verificamos cuidadosamente la integridad de todas las instalaciones, enfatizó la empresa.
También a través de la red profesional, el líder de comunicaciones globales de TEPCO, Tatsuya Matoba, destacó que, dados los objetivos de descarbonización y los desafíos asociados a la seguridad energética, garantizar un suministro estable de electricidad libre de carbono sigue siendo un tema central en Japón.
Al mismo tiempo, como empleado de TEPCO, soy plenamente consciente de la profunda responsabilidad que asumimos tras el accidente de Fukushima Daiichi, así como de la diversidad de opiniones en torno a la energía nuclear. Con esto en mente, la seguridad debe ser algo que sigamos demostrando mediante controles rigurosos, transparencia y acciones concretas, declaró Matoba.
A pesar del progreso operativo, la reanudación de las operaciones en la central aún enfrenta resistencia local. Según la Agencia France-Presse (AFP), aproximadamente el 60% de los residentes de la región se opone a la reactivación del complejo nuclear, mientras que el 37% está a favor, según una encuesta realizada en septiembre de 2025.
La catástrofe cambia el paradigma nuclear en el mundo.
El accidente de Fukushima Daiichi, ocurrido en marzo de 2011, se considera uno de los más graves en la historia de la energía nuclear. El suceso fue provocado por un terremoto de magnitud 9,0, seguido de un tsunami que azotó la costa noreste de Japón, provocando la pérdida total del suministro eléctrico y de los sistemas de refrigeración de la central.
Debido a un fallo de refrigeración, tres reactores comenzaron a sobrecalentarse, lo que provocó la fusión parcial del combustible nuclear y explosiones que dañaron los edificios de contención. El incidente provocó la liberación de material radiactivo al medio ambiente y la evacuación de más de 150 personas de las zonas cercanas.
Clasificado como nivel 7 en la Escala Internacional de Eventos Nucleares, el mismo nivel que el desastre de Chernóbil, el accidente no causó muertes inmediatas por exposición a la radiación, pero generó impactos ambientales, sociales y económicos a largo plazo. Amplias zonas permanecieron cerradas durante años, y el proceso de descontaminación continúa.
El incidente también tuvo profundas repercusiones en la política energética mundial. Varios países revisaron sus criterios de seguridad nuclear, mientras que otros, como Alemania, optaron por acelerar el cierre de sus centrales. En Japón, el accidente provocó el cierre temporal de gran parte de las centrales nucleares e intensificó el debate sobre la seguridad operacional y la gestión de riesgos en el sector de la generación de energía.
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