Para Daniel Steffens, socio del Departamento de Energía e Infraestructura de Urbano Vitalino Advogados, el sector eléctrico brasileño vive un momento de oportunidades, pero también de riesgos que no se pueden ignorar.
En una entrevista con Canal En materia solar, llama la atención sobre problemas como el curtailment –recortes en la generación renovable que suman miles de millones en pérdidas– y la revisión de los beneficios tarifarios, así como la esperada mitigación de los descuentos en TUST y TUSD.
Para Steffens, ambos puntos podrían dar lugar a una nueva ola de litigios, en un momento en que el sector necesita seguridad jurídica para sostener inversiones a largo plazo.
Por el contrario, destaca que el almacenamiento de energía se perfila como un elemento innovador, capaz de fortalecer las fuentes renovables y garantizar una mayor confiabilidad del sistema.
El abogado destaca que, en los últimos años, Brasil ha construido una base importante de generación solar y eólica, pero aún falta una política regulatoria que reconozca el valor de la flexibilidad y la potencia firme, características que pueden ser entregadas por baterías y plantas híbridas.
"Si no hay reglas que incentiven estos servicios, el riesgo es mantener un sistema desequilibrado que penalice a inversores y consumidores", advierte.
Otro punto crítico destacado por Steffens es el licenciamiento ambiental, considerado uno de los mayores cuellos de botella para hacer viables nuevos proyectos de generación.
Incluso con la aprobación de la Ley General de Licencias, señala que la superposición de responsabilidades entre agencias federales, estatales y municipales y la lentitud de los procesos aún pueden obstaculizar las inversiones durante años.
Las cuestiones territoriales y los conflictos con las comunidades locales, afirma, agravan este panorama complejo y exigen que los inversores tengan una visión multidisciplinaria que vaya más allá de la ingeniería y la regulación.
En opinión de Steffens, la modernización regulatoria debe avanzar rápidamente en los mercados de capacidad, que tienen la ventaja de remunerar no sólo la energía generada, sino también los atributos de confiabilidad y flexibilidad.
Este cambio, argumenta el abogado, podría abrir espacio para un nuevo ciclo de inversiones en infraestructura eléctrica y al mismo tiempo reducir el riesgo de apagones En el futuro.
También considera esencial la creación de reglas específicas para las tecnologías emergentes, como el hidrógeno verde, y para la integración complementaria del gas natural con las renovables.
En cuanto a la transición energética, Steffens es categórico. Según él, aún no es posible abandonar los combustibles fósiles, que son garantía de fiabilidad.
El reto, señala, es rediseñar el papel de estas fuentes, creando cláusulas de adaptación en los contratos y estableciendo reglas transparentes para su retiro gradual del sistema, de forma que no se comprometa la seguridad energética.
Al diseñar el futuro, Daniel Steffens prioriza el almacenamiento y digitalización de redes, apoyados por inteligencia artificial, como elementos centrales de la nueva matriz eléctrica.
En su opinión, remunerar adecuadamente estos servicios, sin comprometer tarifas asequibles, será esencial para atraer capital serio y consolidar la transición energética en Brasil.
«El sector debe perseguir la previsibilidad regulatoria a toda costa. Este será el verdadero hito de la modernización», concluye.
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