Brasil cuenta con algunos de los mayores recursos naturales del planeta para la generación de energía renovable. Contamos con abundante sol, vientos constantes y una matriz hidroeléctrica consolidada, lo que nos sitúa en una posición estratégica para liderar la transición energética.
A pesar de este potencial, vivimos con la realidad de que una parte importante de esta energía limpia no llega a los consumidores, ya que se desperdicia debido a fallas estructurales en el sistema eléctrico.
Este desperdicio, conocido como curtailment, compromete la competitividad de las fuentes renovables y mantiene a los brasileños atrapados en facturas de electricidad caras e ineficientes.
Este problema afecta directamente la competitividad de las energías renovables en Brasil. Los consumidores brasileños siguen pagando facturas de electricidad elevadas, mientras que la energía limpia y de bajo costo queda desaprovechada.
La situación se agrava porque, en lugar de crear incentivos para que esta energía se utilice de forma inteligente, las políticas actuales terminan imponiendo barreras adicionales.
Más baterías, menos tarifas y más estrategia
Un ejemplo es la falta de regulación para las baterías en el país. Actualmente, quienes desean instalar sistemas de almacenamiento pagan dos veces: una tarifa por almacenar la energía y otra cuando la reinyectan a la red. Es una contradicción.
En los principales mercados internacionales, existen exenciones específicas para fomentar el uso de baterías, cruciales para flexibilizar el sistema eléctrico y reducir los residuos. Brasil, lamentablemente, aún no cuenta con baterías.
Exención de TUSD en el noreste e incentivos para centros de datos
Otra medida que podría mitigar la restricción sería eximir la tarifa por uso del sistema de distribución (TUSD) en el noreste. Esta región concentra gran parte de nuestra capacidad de generación solar y eólica, pero sufre cuellos de botella en la transmisión.
Al eximir del impuesto TUSD a los consumidores estratégicos del noreste, como las industrias y los centros de datos, podríamos crear un círculo virtuoso: reducir el desperdicio de energía, atraer inversiones e impulsar el desarrollo regional.
La construcción de centros de datos en el noreste es, de hecho, una solución estratégica. Estas infraestructuras consumen grandes cantidades de energía y, si se ubican cerca de plantas de energía renovable, podrían absorber parte de la producción que actualmente se desecha. Es una forma inteligente de transformar el exceso de energía en una oportunidad para la innovación tecnológica y económica.
Brasil tiene el potencial de convertirse en un líder mundial en la transición energética, pero para lograrlo, debemos afrontar el desafío de la reducción con valentía y visión de futuro. Fomentar las baterías, revisar los impuestos al almacenamiento y flexibilizar las tarifas en el Nordeste son medidas urgentes y concretas.
No se trata sólo de reducir costos o desperdicios: se trata de construir un sistema eléctrico más moderno, resiliente y sostenible para todos los brasileños.
Si queremos energía limpia, asequible y disponible para Brasil, necesitamos políticas públicas alineadas con esta realidad. El futuro ya está aquí; solo necesitamos superar los obstáculos que nos impiden aprovecharlo al máximo.
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