En medio de la fragmentación política y la influencia desproporcionada de los grupos económicos en las políticas ambientales, la ausencia del INEL (Instituto Nacional de Energía Limpia) en la COP30 es una elección consciente de coherencia y responsabilidad institucional.
La COP30 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), que se suponía que consolidaría el liderazgo de Brasil en la agenda ambiental global, terminó reflejando lo que el país necesita reorganizar: la desconexión entre el discurso y la práctica, y el predominio de los intereses económicos sobre una visión estatal a largo plazo.
El vaciamiento de la COP30 —logístico, político y simbólico— pone de manifiesto un escenario en el que la transición energética ha dejado de ser una prioridad efectiva y se ha convertido en una cuestión de conveniencia.
El debate ambiental, antaño basado en la planificación y la ciencia, se ha vuelto excesivamente retórico. En este contexto, el Ministerio de Medio Ambiente se enfrenta a un proceso de debilitamiento institucional derivado de decisiones presupuestarias y prioridades políticas que han mermado su liderazgo técnico.
INEL lamenta esta situación. No solo por la oportunidad perdida de posicionar a Brasil como una potencia mundial en energías limpias, sino también por la pérdida de coherencia institucional en un momento en que el mundo espera del país no solo palabras, sino coherencia, gobernanza y resultados.
A diferencia de los grandes foros, Brasil ya ha demostrado que es posible lograr avances concretos cuando existe coordinación e independencia técnica.
La Medida Provisional 1.304, que trataba de la revisión del marco para la micro y minigeneración distribuida, fue un ejemplo emblemático: ante un sector dividido y presiones asimétricas, el INEL y el FREPEL, bajo la presidencia del congresista Lafayette de Andrada, desempeñaron un papel decisivo en la construcción de consenso técnico y en la preservación del equilibrio entre sostenibilidad, seguridad jurídica y viabilidad económica.
Si bien la COP30 no ofrece grandes promesas, Brasil necesita retomar el camino hacia la eficiencia institucional. El desafío no radica en la visibilidad, sino en la coherencia y la ejecución. Con este espíritu, el INEL ha optado por no participar en la conferencia, una decisión de carácter técnico y estratégico, centrada en la coherencia institucional y la eficiencia en el uso de los recursos públicos y privados.
En tiempos de restricciones fiscales y saturación del discurso, es fundamental priorizar lo que genera valor público. El INEL seguirá actuando, como lo hizo con la Medida Provisional 1.304, en pro de la eficiencia regulatoria, la transparencia y la democratización de la energía limpia. Y mantiene su convicción de que Brasil puede liderar el mundo, siempre que tenga la valentía de anteponer el interés colectivo a los intereses sectoriales.
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