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Artículo de opinión

De la tecnología al sistema: la primera lección de Australia.

Este artículo reúne reflexiones sobre la transición energética australiana y sus posibles contribuciones al sector eléctrico brasileño.

De la tecnología al sistema: la primera lección de Australia.

Foto: Ilustración

Incluso antes de que comenzara la misión, durante la semana del 18 de mayo de este año, existía un motivo claro para prestar especial atención a Australia. El país construyó su sistema eléctrico principalmente sobre la base de la generación de energía a partir del carbón, que aún representa alrededor del 43% de la electricidad producida. Al mismo tiempo, está experimentando una de las transiciones energéticas más rápidas del mundo.

Actualmente, las fuentes renovables ya representan aproximadamente el 40 % de la generación eléctrica, siendo la energía solar la principal fuente renovable, con casi el 20 % de la electricidad producida en el país. De este total, más del 12 % de la generación australiana proviene de sistemas fotovoltaicos instalados en los tejados de viviendas y negocios, lo que constituye la mayor proporción de generación solar distribuida del mundo.

En poco más de una década, más de un tercio de los hogares australianos han instalado sistemas fotovoltaicos, un nivel de penetración sin precedentes entre las principales economías. Sin embargo, el éxito de la generación distribuida ha traído consigo nuevos desafíos operativos, precisamente aquellos que se convertirían en uno de los temas principales de las reuniones celebradas durante la semana y que también encuentran paralelismos en la situación actual del sistema eléctrico brasileño.

Para responder a los efectos de esta rápida expansión, Australia ha comenzado a tratar el almacenamiento de baterías como un elemento central de su política energética, fomentando tanto proyectos de BESS conectados a la red a gran escala como baterías residenciales integradas en centrales eléctricas virtuales, las llamadas Plantas de energía virtual.

Fue en este contexto que partí hacia Australia, imaginando que el almacenamiento sería el tema central de la conversación. Esta expectativa era natural. Sin embargo, la primera reunión de la misión demostró que la lección principal no radicaría en una tecnología específica, sino en comprender el sistema que las conecta y coordina a todas.

El primer cambio de perspectiva

Nuestra agenda se inauguró en la UNSW (Universidad de Nueva Gales del Sur) en Sídney, con una conversación con investigadores de diferentes áreas de la universidad y del CEEM (Centro de Mercados Energéticos y Ambientales). Se reunieron expertos en mercados energéticos, almacenamiento, ingeniería eléctrica, integración de energías renovables, recursos distribuidos y los aspectos sociales de la transición.

Esta diversidad presagiaba una de las principales lecciones aprendidas esa mañana: los desafíos del sector eléctrico no podían analizarse desde una sola disciplina.

Al presentar el enfoque de la universidad, uno de los representantes de la UNSW utilizó una expresión que me ayudó a comprender no solo esa reunión, sino también las reuniones celebradas en los días siguientes: “Adoptamos una visión sistémica del trabajo que realizamos”. Adoptamos una visión sistémica del trabajo que realizamos.

La declaración iba acompañada de una importante explicación. La energía sustenta diversos sectores de la economía y, por lo tanto, no puede analizarse de forma aislada.

Las investigaciones desarrolladas por la universidad vinculan el sector eléctrico con el transporte, el agua, la industria, la infraestructura digital y las transformaciones sociales. Desde esta perspectiva, la descarbonización de la economía depende no solo de la sustitución de las fuentes de generación, sino también de la evolución coordinada de diferentes sistemas.

Esto podría parecer una observación intuitiva. Sin embargo, contrasta con una parte importante del debate sobre la transición energética, que a menudo se centra en identificar la próxima tecnología ganadora. Discutimos qué fuente será la más competitiva, qué batería tendrá el mejor rendimiento o qué solución podrá reemplazar un activo en particular. Estas preguntas son relevantes, pero parten de la tecnología.

En esa conversación inicial, la lógica se invirtió: primero, era necesario comprender las necesidades del sistema; solo entonces tendría sentido definir qué tecnologías podrían satisfacerlas.

Primero el sistema, luego la tecnología.

Esta visión se concretó cuando la conversación giró en torno al almacenamiento. La UNSW reúne a decenas de investigadores que trabajan en toda la cadena de valor de las baterías, desde la obtención de materiales y el desarrollo de diferentes químicas hasta la fabricación de celdas, el análisis de la degradación, la seguridad, la integración de sistemas y el reciclaje. Por lo tanto, sería lógico que la universidad presentara una tecnología específica como la solución ideal para la transición. Sin embargo, eso no fue lo que sucedió.

Los investigadores destacaron que no existe una sola batería capaz de resolver todos los problemas. La elección de la tecnología depende de la aplicación, el tiempo de respuesta requerido, la duración del almacenamiento, la frecuencia de uso, la vida útil prevista y el servicio que se debe proporcionar.

Una solución de litio podría ser adecuada para una necesidad específica a corto plazo, mientras que otra química podría funcionar mejor en aplicaciones que duran unas pocas horas. En otros casos, el sistema podría requerir una respuesta de segundos o minutos, en lugar del desplazamiento de grandes volúmenes de energía a lo largo del día.

Por lo tanto, la pregunta relevante no era simplemente si el país necesitaba baterías. Era necesario preguntarse: ¿qué problema necesita resolver el sistema?

Este cambio en el planteamiento de la cuestión es más importante de lo que parece. Cuando el debate comienza con el producto, existe el riesgo de buscar aplicaciones para una solución previamente elegida.

Al partir de las necesidades del sistema, resulta posible comparar tecnologías, modelos de remuneración y alternativas de infraestructura con mayor racionalidad. El almacenamiento deja de considerarse un fin en sí mismo y comienza a entenderse como un conjunto de recursos capaces de proporcionar diferentes servicios.

Cuando el consumidor comienza a operar la red

La misma perspectiva sistémica surgió en el debate sobre la generación distribuida. En Australia, una parte importante de los hogares ya cuenta con paneles solares, y la adopción de baterías domésticas también está creciendo rápidamente. Durante la reunión, se explicó que este movimiento representa mucho más que la simple instalación de nuevos equipos. Transforma el funcionamiento del sistema, la planificación de la red, las relaciones comerciales y el propio diseño del mercado.

El consumidor ya no es simplemente el punto final de una cadena diseñada para transportar electricidad en una sola dirección. Ahora participa en la generación, el almacenamiento, el consumo, la exportación y, potencialmente, aporta flexibilidad al sistema.

En la expresión utilizada durante la presentación, la transformación también se convierte en... orientado al consumidor Liderados por los consumidores. Esto incluye no solo a los hogares, sino también a los grandes consumidores de energía, cuyas decisiones pueden modificar la forma en que se satisface la demanda y cómo se utiliza la infraestructura.

Este movimiento crea oportunidades, pero también plantea nuevos desafíos. Una red diseñada originalmente para recibir energía de grandes centrales eléctricas y distribuirla a los consumidores ahora coexiste con millones de pequeños activos conectados al sistema de distribución.

Uno de los investigadores ilustró esta transformación con un ejemplo bastante revelador. Explicó que cuando la expansión de la generación solar distribuida no va acompañada de la evolución del funcionamiento del sistema, puede haber momentos en que la cantidad de energía inyectada en la red sea excesiva. En estas situaciones, los operadores necesitan, literalmente... “encontrar la manera de apagarlo, de desconectarlo” encontrar una manera de reducir o detener temporalmente parte de esta generación para preservar la seguridad de la operación.

A continuación, presentó el Mecanismo de respaldo de emergenciaEste mecanismo permite a los operadores limitar y, en situaciones extremas, interrumpir la exportación de energía de los sistemas fotovoltaicos cuando sea necesario para garantizar la estabilidad de la red. Añadió que, en ciertos momentos, incluso en un día soleadoSin embargo, la energía producida por los paneles solares puede que ya no sea suficiente para alimentar la propia vivienda, ya que es necesario limitar la generación para garantizar el funcionamiento seguro del sistema.

Este ejemplo resume la magnitud de la transformación en curso. En un sistema con alta dependencia de las energías renovables, producir más energía no siempre resuelve el problema. En determinadas circunstancias, preservar la estabilidad de la red requiere limitar con precisión parte de esa generación.

Unas horas más tarde, cuando el sol desaparece, la demanda de suministro eléctrico vuelve a aumentar rápidamente. Al mismo tiempo, las baterías, los vehículos eléctricos y los sistemas de automatización pueden coordinarse para responder a los precios, las condiciones de la red o las necesidades operativas.

Ya no se trata solo de formar nuevas generaciones. Es necesario integrar redes, consumidores, datos, reglas de mercado y señales económicas.

Las opiniones e información expresada son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representan la posición oficial del autor. Canal solares.

pedro dante
Acerca del Autor
pedro dante

Socio del área de energía de Lefosse Advogados. Presidente de la Comisión de Estudios de Regulación del Instituto Brasileño de Estudios de Derecho Energético. Coordinador del Comité de Energía y Arbitraje de la Cámara Arbitral Empresarial. Árbitro de la Cámara de Medición y Arbitraje del Oeste de Bahía. Miembro efectivo de la Comisión de Derecho Energético de la OAB/SP. Abogado especializado en asuntos regulatorios relacionados con el sector eléctrico con más de 19 años de experiencia en el sector.

Comentários (2)

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  • Vânia Reis de Souza Sant'Anna

    ¿Permite la legislación vigente para MMGD (Multigeneración, Generación y Distribución) la instalación de baterías en proyectos aprobados antes de la Ley 14.300/2022 sin que el prosumidor pierda ningún derecho?

  • ADAUTO JOSE ROBERTO

    Brasil tiene buenos ejemplos a seguir; solo requiere voluntad política sin prejuicios… Facilita enormemente la toma de decisiones para impulsar proyectos de expansión de la red, fortaleciendo los intereses individuales de los ciudadanos (pequeños inversionistas).

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