Una encuesta realizada por el Instituto Pólis, en colaboración con Ipec (Inteligencia en Investigación y Consultoría Estratégica), con dos mil personas de todo el país, reveló que la factura de luz es uno de los mayores gastos de los brasileños y ese impacto es aún más significativo entre las familias de de bajos ingresos.
Según la encuesta, el 25% de las personas pertenecientes a las clases D y E reportaron que tuvieron que dejar de comprar alimentos para poder pagar su factura de electricidad, el 49% afirmó que los alimentos y la factura de energía son los rubros que más pesan en el presupuesto familiar y el 36% de los entrevistados dijo que gasta la mitad o más de sus ingresos mensuales en pagar la electricidad y el gas.
El costo de la electricidad es una carga importante para las familias que no cuentan con recursos económicos. Sin embargo, la instalación de sistemas de energía solar puede aliviar esta presión, permitiéndoles utilizar sus ingresos de manera más eficiente.
Un sistema fotovoltaico tiene el potencial de reducir los costos de electricidad de los consumidores hasta en un 95%. Esta economía permite a los residentes invertir en otras áreas de necesidades esenciales como la educación, la salud o la alimentación. Esto se traduce en mejoras no sólo en la reducción de la pobreza energética sino también en la calidad de vida de las personas.
Desafíos energéticos en un país con el 8,6% de la población viviendo en barrios marginales
En Brasil, iniciativas como Programa Luz para Todos, y líneas de crédito para instalaciones de sistemas fotovoltaicos, contribuyen a generar energía solar en las comunidades más necesitadas y representan un paso importante hacia la construcción de un futuro más sostenible e igualitario, generando ganancias en términos económicos y fortaleciendo la autonomía energética y social de la población más vulnerable.
Además, existen varios proyectos y acciones que buscan potenciar el sector fotovoltaico en el país. Investigadores de USP (Universidad de São Paulo), creó una cocina solar para comunidades de bajos ingresos en São Paulo, el dispositivo utiliza la energía del sol para cocinar alimentos.
El objetivo es sustituir los hornos de leña o carbón, que pueden producir graves daños a la salud debido al humo, mejorando la calidad del aire que se respira en las viviendas, sin causar ningún daño al medio ambiente.
Otro proyecto similar se está desarrollando en los estados de Piauí y Rio Grande do Norte, donde se crearon incentivos para que la gente tenga acceso a este tipo de producto, con el objetivo de reducir los costos del gas para cocinar.
Los proyectos de energía solar social en Brasil demuestran el potencial de esta tecnología para crear un futuro más sostenible y justo. Estas iniciativas no sólo proporcionan energía limpia, sino que también empoderan a las comunidades y crean empleos locales.
Con el continuo crecimiento del sector y el apoyo de asociaciones entre ONG y empresas, la energía solar se está consolidando como una poderosa solución a los desafíos energéticos y sociales del país.
Este es el momento ideal para aprovechar el crecimiento del mercado de energía solar y canalizar una parte importante de las nuevas inversiones hacia la expansión de la energía fotovoltaica para los consumidores de bajos ingresos. La iniciativa traerá beneficios ambientales, sociales y económicos, generando impactos positivos en diversas áreas.
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