La reciente publicación de la Ley 15.269, que define la apertura total del mercado libre para 2028, trae cambios estructurales importantes, como el fin del descuento a la energía incentivada y la creación de nuevos cargos.
En este nuevo escenario, se hace imprescindible avanzar hacia un modelo tarifario basado en señales de precio, capaz de generar una reducción real en la factura energética del consumidor.
La experiencia internacional es clara: en el Reino Unido, Australia y Texas, los precios por hora han generado reducciones de entre el 8% y el 12% para los consumidores activos, con tasas de adopción de entre el 10% y el 20%.
En Brasil, comenzando por el mercado libre, es razonable proyectar un ahorro promedio en la tarifa cercano al 10% para quien adopte el modelo, resultante de la menor necesidad de despacho térmico en el horario punta y de una menor inversión en refuerzos de la red.
Además, el cambio en el consumo de energía resultante de la adopción de precios por hora en el ACL (Ambiente de Libre Contratación) brasileño podría conducir a una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo a los compromisos de descarbonización del país en el marco del Acuerdo de París.
Igualmente importante es que estudios de casos globales muestran que la adopción de precios basados en el horario de uso generalmente desbloquea ciclos de inversión de entre R$ 40 y R$ 80 mil millones en tecnologías como medidores inteligentes y sistemas de almacenamiento de baterías a lo largo de 10 años.
Actualmente, Brasil aún opera principalmente con un modelo tarifario basado en el costo promedio. Sin embargo, este escenario está comenzando a evolucionar.
La recientemente abierta Consulta Pública nº 46/2025, con plazo de presentación hasta marzo de 2026, propone la adopción automática de la Tarifa Horaria (Blanca) a finales de 2026 para los consumidores de baja tensión con consumo mensual igual o superior a 1 MWh, nivel equivalente a una factura residencial de alrededor de R$ 1.000 en el área de Enel (SP) y alrededor de R$ 1.200 en Luz (RJ).
Este grupo comprende aproximadamente 2,5 millones de unidades de consumo, responsables de aproximadamente el 25% de toda la energía consumida en baja tensión.
A Tarifa blancaLa iniciativa, creada en 2018, tuvo poca participación. La principal razón fueron las innumerables quejas de los consumidores debido a las largas filas para la sustitución de medidores, fallas en la instalación, facturación duplicada, dificultades en la atención al cliente y numerosos problemas operativos por parte de las distribuidoras.
Por lo tanto, es importante separar los componentes tarifarios entre la responsabilidad del proveedor de energía (tarifa de energía) y del transportista de energía (tarifa de uso del sistema de distribución, TUSD).
Por lo tanto, en caso de implementación automática de tarifas horarias en la red de BT, los distribuidores deberán limitar su actuación a la TUSD, que es la tarifa que remunera el uso de la infraestructura de distribución.
En cuanto a las modalidades tarifarias de energía –equivalentes a las ofertas en el mercado libre– deberían estar a cargo de las comercializadoras minoristas, que tienen la capacidad y el incentivo para ofrecer productos innovadores, precios dinámicos y una experiencia digital de calidad.
La digitalización y la sana competencia entre los distribuidores minoristas son los motores que permitirán a Brasil replicar los resultados internacionales: mayor ahorro para el consumidor, menos emisiones y un sector más moderno y eficiente.
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