La intervención de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro han colocado nuevamente al país sudamericano en el centro del debate geopolítico internacional.
Este episodio marca una ruptura significativa en un escenario de más de una década de aislamiento político, sanciones económicas y severo deterioro institucional.
En medio de las discusiones sobre la reconstrucción económica, la reorganización del Estado y la posible reapertura a la inversión extranjera, otro punto que ahora se analiza con más detenimiento es el sector eléctrico venezolano.
Esto se debe a que la infraestructura energética local es actualmente uno de los principales cuellos de botella del país, con apagones recurrentes y racionamientos prolongados convirtiéndose en parte de la rutina diaria de la población.
Una matriz concentrada en centrales hidroeléctricas.
A pesar de poseer una de las mayores reservas de petróleo del mundo, Venezuela opera un sistema eléctrico centralizado que depende en gran medida de la energía hidroeléctrica.
Datos de World Factbook, de la CIA (Agencia Central de InteligenciaLos datos indican que el 77,6% de la electricidad generada en Venezuela en 2022 provino de centrales hidroeléctricas, mientras que el 22,3% provino de combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural.
Encuestas más recientes refuerzan este escenario. Según Energía baja en carbono, que recopila datos de bases de datos internacionales, como la EIA (Administración de Información EnergéticaAproximadamente el 78% de la electricidad consumida en el país en 2023 provino de fuentes hidroeléctricas, mientras que el 15% provino de gas natural y el resto de otras fuentes de combustibles fósiles.
El pilar principal de esta matriz energética es la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, conocida como Guri, ubicada sobre el río Caroní en el estado Bolívar, que hoy representa más del 70% de toda la electricidad consumida en el país, lo que hace al sistema altamente vulnerable a fallas operacionales, sequías prolongadas y problemas de mantenimiento.

Una central térmica que no cumple su función.
Si bien Venezuela cuenta con un importante parque de centrales térmicas, estas operan con baja disponibilidad. La falta de inversión, las dificultades de mantenimiento, la obsolescencia de los equipos y las limitaciones en el suministro de combustible —paradójico en un país rico en petróleo y gas— hacen que la generación térmica opere muy por debajo de su capacidad instalada.
Como consecuencia, el sistema eléctrico venezolano presenta una baja redundancia operativa, lo que explica la frecuencia y magnitud de los apagones registrados en los últimos años. Cuando la generación hidroeléctrica falla o se reduce, no hay suficiente capacidad térmica para compensar.
¿Quién gobierna el sector eléctrico en Venezuela?
A diferencia del modelo brasileño, que cuenta con múltiples organismos independientes, como el ANEEL (Agencia Nacional de Energía Eléctrica) y el ONS (Operador Nacional del Sistema) - el sector eléctrico venezolano está altamente centralizado y es de propiedad estatal.
El principal órgano responsable es el MPPEE (Ministerio del Poder Popular para la Energía Eléctrica), creado en 2009 para concentrar la planificación y política energética nacional.
La operación del sistema está casi en su totalidad en manos de la estatal Corpoelec (Corporación Eléctrica Nacional), que controla desde las grandes centrales hidroeléctricas y termoeléctricas hasta las redes de transmisión y distribución, además de la facturación y la atención al cliente.

Transmisión larga y frágil
La mayor parte de la generación hidroeléctrica de Venezuela se concentra en la región sur del país, especialmente en el estado Bolívar, mientras que los principales centros de consumo están en el norte y occidente, en municipios como Caracas y Maracaibo.
Gracias a esto, la energía viaja largas distancias a través de líneas de transmisión de alto voltaje, también operadas exclusivamente por Corpoelec.
Sin embargo, la falta de mantenimiento adecuado de estas líneas contribuye a frecuentes fallas e inestabilidad en el suministro. El gobierno de Nicolás Maduro incluso anunció objetivos de mantenimiento preventivo, pero los resultados prácticos aún son limitados.
Una infraestructura en colapso
A pesar de estar diseñado como un sistema robusto, el sector eléctrico venezolano enfrenta actualmente una profunda crisis estructural, con cortes de energía diarios en gran parte del país.
Para intentar prevenir colapsos mayores, el gobierno implementó planes de "gestión de carga", con racionamientos programados de aproximadamente cuatro horas diarias en diferentes regiones. Aun así, estos recortes no evitan apagones no programados.
En agosto de 2024, estimaciones no oficiales apuntaban a unos 200 apagones diarios en todo el país. En marzo de 2025, el gobierno incluso ordenó que las oficinas públicas abrieran solo media jornada, alegando una "emergencia climática" que había reducido los niveles de los embalses.

La central hidroeléctrica de Guri: un gigante estratégico y un punto de debilidad.
La central hidroeléctrica de Guri, con una capacidad instalada de 10.200 MW, es una de las más grandes del mundo. Su construcción comenzó en la década de 1960, con importantes fases de expansión en 1974 y 1986, y marcó un hito en la electrificación venezolana.
Sin embargo, a pesar de su importancia estratégica, la planta ha sufrido durante años de mantenimiento inadecuado, equipos obsoletos y falta de inversión. Los análisis internacionales indican que los problemas no se deben a sabotajes, como suele alegar el gobierno, sino a la negligencia en la infraestructura, la corrupción y la pérdida de capacidad técnica.
¿Cómo colapsó el sector eléctrico venezolano?
El colapso del sistema eléctrico venezolano es el resultado de una combinación de factores estructurales, políticos y económicos, acumulados durante décadas e intensificados durante el gobierno de Hugo Chávez, que duró desde 1999 hasta su muerte en 2012.
La crisis no surgió de repente, sino que se fue acumulando a través de decisiones que comprometieron la gobernanza, el financiamiento y la capacidad técnica del sector.
Uno de los hitos de este proceso se produjo en 2007, cuando el gobierno venezolano nacionalizó el sector eléctrico y creó la empresa estatal Corpoelec. Esta medida supuso la salida de empresas privadas y la concentración de las actividades de generación, transmisión y distribución de energía bajo el control directo del Estado.
Tras la nacionalización, se produjo una marcada disminución de las inversiones en mantenimiento y modernización de infraestructura. Los recursos asignados al sector se asignaron con frecuencia de forma inadecuada o se desviaron, mientras que las centrales eléctricas, las líneas de transmisión y las subestaciones comenzaron a operar con equipos obsoletos y un mantenimiento insuficiente.
Mientras tanto, se intensificó la excesiva dependencia de la presa hidroeléctrica de Guri. La sobrecarga del complejo, sumada a los prolongados períodos de sequía y la ausencia de fuentes complementarias fiables, aumentó la vulnerabilidad del sistema a fallos a gran escala.
Otro factor crítico fue la pérdida de capital humano. Los salarios extremadamente bajos, la inestabilidad institucional y las precarias condiciones laborales provocaron la salida de miles de ingenieros, técnicos y especialistas de Corpoelec, lo que comprometió la capacidad operativa y la respuesta ante emergencias del sistema eléctrico.

La prolongada congelación de las tarifas energéticas también contribuyó al colapso. Al eliminar la generación de ingresos suficientes para cubrir los costos operativos y las inversiones, la política tarifaria creó un ciclo de desfinanciación crónica, profundizando el deterioro financiero de la empresa estatal de servicios públicos.
Finalmente, la crisis también se vio agravada por las sanciones internacionales, que limitaron el acceso del gobierno venezolano a financiamiento externo, equipos, repuestos y tecnología. Este contexto redujo aún más la capacidad del país para invertir en la recuperación del sector eléctrico.
¿Qué cambia en el sistema eléctrico de Venezuela tras la captura de Maduro?
En una entrevista con Canal Energía solarSegún Nivalde Castro, profesor del Instituto de Economía y coordinador del GESEL (Grupo de Estudios del Sector Eléctrico) de la UFRJ (Universidad Federal de Río de Janeiro), todavía es pronto para conclusiones definitivas, pero algunas señales permiten trazar hipótesis sobre el futuro del sector.
"Es muy difícil analizar un tema de esta magnitud en tan poco tiempo. Lo que estamos haciendo aquí es casi un ejercicio de predicción, trabajando con hipótesis que pueden o no cumplirse", afirmó.
Según el profesor, la estrategia adoptada por Estados Unidos difiere de intervenciones anteriores en países como Irak y Afganistán. En lugar de desmantelar por completo la estructura de poder local, la acción buscó preservar parte del aparato institucional venezolano para evitar un vacío político prolongado.
“Estados Unidos ha demostrado capacidades militares y de planificación incomparables, pero al mismo tiempo ha señalado que no tiene la intención de repetir el error de destruir la estructura existente e intentar crear un nuevo gobierno desde cero”, evaluó.

Según Castro, la indicación de una postura conciliadora, con el chavismo permaneciendo en el poder –aunque bajo una nueva dirección–, sugiere un acercamiento estratégico con Washington.
“Lo que está surgiendo es un chavismo que está dejando de ser de izquierda y comienza a operar bajo una lógica más alineada con los intereses estadounidenses”, afirmó el coordinador de GESEL.
Desde el punto de vista energético, se espera que el sector ocupe un lugar central en la agenda de inversión. El petróleo debería ser la principal prioridad, seguido del sector eléctrico.
"Estados Unidos posee ahora las mayores reservas de petróleo del mundo y amplía su influencia en la formación de precios en el mercado internacional, con las empresas estadounidenses liderando la producción y las exportaciones", destacó.
La evaluación de Castro es que las inversiones en infraestructura tienden a reducir problemas históricos, como los apagones. "El sector eléctrico debería recibir una atención significativa, aunque no al mismo nivel que el sector petrolero. La tendencia apunta a una mejora gradual de la confiabilidad del sistema", afirmó.
El profesor advierte, sin embargo, que se trata de una evaluación preliminar. «Obviamente, existe el riesgo de que nos equivoquemos por completo. Pero mirar hacia el futuro y anticipar escenarios es parte de nuestra función», concluyó.
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