Brasil formalizó este martes (10) su adhesión a la Declaración para la Triple Energía Nuclear para 2050. El anuncio, realizado durante la II Cumbre de Energía Nuclear en París, Francia, sitúa al país junto a otras 38 naciones, como China e Italia, en un esfuerzo por movilizar a gobiernos e instituciones financieras para expandir la capacidad nuclear mundial.
La iniciativa, lanzada originalmente en la COP28 en 2023 en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, busca fortalecer la seguridad energética y acelerar la transición hacia fuentes de energía bajas en carbono para cumplir los objetivos climáticos.
El gobierno brasileño enfatizó que domina el ciclo completo del combustible nuclear y cuenta con cuatro décadas de operación segura de las centrales nucleares de Angra. Al respaldar el documento, también reafirmó su compromiso con el desarrollo de la energía nuclear de acuerdo con los estándares de seguridad y con el objetivo de expandir el suministro de energía baja en carbono.
El comunicado también destaca que el crecimiento de la demanda mundial de electricidad requiere fuentes capaces de proporcionar generación estable, complementando las renovables intermitentes.
Esta postura, sin embargo, llega en un momento en que el propio programa nuclear de Brasil enfrenta dificultades internas, que involucran la situación financiera de Eletronuclear –responsable de operar las centrales Angra 1 y Angra 2– y la incertidumbre en torno a la finalización... cala 3, un proyecto que se viene arrastrando desde hace décadas.
Riesgo de flujo de caja
Eletronuclear atraviesa una crisis de integridad financiera y depende de una decisión del STF (Supremo Tribunal Federal) para equilibrar sus cuentas en 2025.
Un acuerdo entre el gobierno brasileño y Axia (ex Eletrobras) prevé la emisión de R$ 2,4 mil millones en debentures para rescatar a la estatal, pero la falta de aprobación judicial plena pone en riesgo la inversión.
Sin estos recursos, el flujo de caja de Eletronuclear está comprometido para el pago de gastos inmediatos y obras esenciales, como la prolongación de la vida útil de Angra 1.
La situación se ve agravada por la inestabilidad en la dirección. La empresa ha estado dirigida por personas designadas interinamente desde julio de 2025, como resultado de las disputas políticas en torno a las nominaciones para la junta directiva.
Además, la entrada del grupo J&F en la estructura accionarial, tras la compra de la participación de Axia por parte de Âmbar Energia, aportó nuevos elementos al proceso.
Angra 3 sin decisión final.
Otro punto sensible es la decisión sobre la continuación del proyecto de la central nuclear Angra 3, paralizado desde hace años y que depende de una decisión del CNPE (Consejo Nacional de Política Energética).
Un estudio actualizado por el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) concluyó que terminar la central es más barato que abandonarla.
Según el análisis, el costo para concluir el proyecto rondaría los R$ 23,9 mil millones, mientras que los gastos asociados a su abandono podrían llegar a R$ 26 mil millones.
La encuesta también indicó que ganancias financieras –como mejores condiciones de financiamiento, renegociación de contratos e incentivos fiscales en discusión– podrían reducir el costo final del proyecto.
A pesar de ello, la decisión política aún no está tomada y el retraso ya está impactando en el precio estimado de la energía, con un aumento de aproximadamente R$ 75 por Megavatio-hora en la tarifa proyectada para la central.
La incertidumbre que rodea a Angra 3 es vista por los expertos como uno de los principales obstáculos a la planificación nuclear brasileña, precisamente en un momento en que el país está dando señales de apoyo a la expansión de esa fuente de energía en el escenario internacional.
Expansión acelerada hasta 2050
El movimiento en apoyo a la energía nuclear se produce en un contexto de expectativas de fuerte crecimiento de esta fuente de energía en las próximas décadas.
Un informe reciente de la Asociación Nuclear Mundial proyecta que la capacidad instalada global podría alcanzar 1.446 gigavatios en 2050, más del triple del nivel actual, si se implementan efectivamente los compromisos anunciados por los gobiernos.
Según el estudio, más de 50 países están discutiendo la construcción de nuevos reactores, extender la vida útil de las plantas existentes y desarrollar tecnologías como pequeños reactores modulares, considerados alternativas para ampliar la generación con menores costos iniciales.
La organización destaca, sin embargo, que la expansión dependerá del financiamiento, de marcos regulatorios estables, de cadenas de suministro y de la formación de una fuerza laboral calificada, factores que aún representan desafíos para varios países.
En el caso brasileño, los analistas evalúan que el país posee la capacidad técnica y el dominio del ciclo del combustible nuclear, pero enfrenta dificultades de planificación y toma de decisiones políticas que limitan el avance del sector.
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La finalización de Angra 3 es la opción más probable, según BNDES.
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