Tras décadas centradas en la expansión del suministro energético, el sector se enfrenta a un nuevo reto: aprovechar mejor la energía que ya posee, y los sistemas de almacenamiento se perfilan como la principal solución. Brasil se prepara para celebrar una subasta en diciembre con el objetivo de contratar sistemas de almacenamiento de baterías.
Por primera vez, el almacenamiento de energía se contratará como recurso estratégico para el sistema eléctrico nacional. Tras este proceso de licitación, el país también está empezando a atraer el interés de empresas que buscan instalar plantas de almacenamiento de energía en baterías (BESS, por sus siglas en inglés) dentro de sus fronteras.
Estos movimientos indican un cambio en la percepción que el sector tiene del almacenamiento de energía. El tema ha trascendido las predicciones a largo plazo y se ha incorporado definitivamente al debate sobre la infraestructura energética actual.
Llevo décadas involucrado en el sector eléctrico y, a lo largo de este tiempo, he visto cómo el sistema ha experimentado profundas transformaciones, desde la expansión del suministro hasta la diversificación de la matriz energética, desde cambios regulatorios hasta la apertura del libre mercado. Cada ciclo trajo consigo sus propios desafíos y sus propias soluciones.
Lo que estoy viendo ahora es uno de esos puntos de inflexión. El problema central del sector ya no es garantizar suficiente energía, sino aprender a gestionar bien la energía que ya tenemos. La generación de energía solar y eólica ha crecido rápidamente, pero no ha seguido la lógica del consumo.
Tras analizar detenidamente el sector a lo largo de los años, puedo afirmar que este crecimiento ha sido incluso excesivo, lo que en ocasiones ha generado un exceso de oferta. En otras, el sistema se enfrenta a picos de demanda que no puede satisfacer con la misma eficiencia. La curva de oferta no sigue la curva de consumo.
Actualmente, el sistema BESS es el único capaz de solucionar este problema, ya que traslada el excedente de energía a lo largo del día a los momentos de máxima demanda. Quienes llevan tiempo siguiendo el sector saben que este problema no es nuevo: siempre hemos lidiado con el desajuste entre el momento en que se genera la energía y el momento en que se consume.
Lo que ha cambiado es la escala. Con el auge de las energías renovables intermitentes, este desajuste se volvió demasiado grande como para ignorarlo, y las baterías se convirtieron en la solución más directa. Funcionan como un mecanismo de equilibrio, aportando mayor previsibilidad y seguridad a la operación.
Quizás esto explique por qué ya se anticipa que la primera subasta brasileña centrada en el almacenamiento de energía generará una contratación significativa. Según estimaciones de la firma consultora Deloitte, basadas en proyecciones de la Energy Research Company (EPE), la primera subasta brasileña de almacenes Puede contraer alrededor de 1,7 GW de capacidad, con el potencial de alcanzar hasta 2,5 GW.
Esta magnitud de contratación da una idea del espacio que el almacenamiento de energía está empezando a ocupar en el sector eléctrico. Y ya se está haciendo presente en proyectos que buscan aumentar la flexibilidad de la red y mejorar el uso de la energía disponible.
En un caso sin precedentes en el país, el Energía matricial Se puso en marcha un proyecto en el que se utiliza un sistema de almacenamiento de energía en baterías (BESS) directamente en la empresa distribuidora Pacto, en Paraná. El sistema permite equilibrar la oferta y la demanda en tiempo real y aumentar la eficiencia de la red, un hito en la infraestructura eléctrica brasileña.
Un reciente informe de Bloomberg reveló que se están conectando grandes proyectos de almacenamiento de energía a las redes eléctricas en diversas regiones del mundo. En algunos mercados, las baterías ya suministran energía durante las horas pico y contribuyen a reducir la dependencia de las centrales térmicas, lo que indica un cambio concreto en el funcionamiento de los sistemas eléctricos.
En Estados Unidos, por ejemplo, los centros de datos están recurriendo a la energía solar combinada con baterías porque las centrales eléctricas tradicionales no se pueden construir con la suficiente rapidez, ya que la escasez de turbinas y los cuellos de botella en la red eléctrica retrasan los plazos de entrega.
Si bien se prevé que el mercado brasileño alcance aproximadamente 1 GWh de capacidad instalada en sistemas de almacenamiento para 2026, el mercado global añadió aproximadamente 200 GWh en nuevos proyectos solo en 2025 y se espera que supere los 300 GWh este año.
La comparación demuestra que Brasil aún se encuentra al comienzo de este camino, pero también pone de relieve el potencial de crecimiento tecnológico del país.
Tras presenciar tantos cambios en el sector y en la forma en que gestionamos la energía a lo largo de la historia, lo que percibo ahora es un mundo que avanza hacia una mayor electrificación, ya sea en la movilidad, la industria o el consumo cotidiano.
Esta electrificación requiere un sistema capaz de responder con mayor rapidez a las variaciones de la oferta y la demanda. A partir de ahora, el almacenamiento de energía será un requisito indispensable para el funcionamiento del sistema.
Por lo tanto, considerar las baterías como una tendencia ya no refleja la situación actual del sector. Se han consolidado como una estrategia, no solo para impulsar el futuro de la energía, sino también para resolver desafíos que ya forman parte del presente.
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