Brasil se encamina hacia otra crisis eléctrica. Pero esta vez el problema no es sólo generar electricidad, sino también entregarla de forma segura al lugar y momento donde se necesita.
Sin una acción rápida, este desequilibrio entre generación y consumo se traducirá en facturas de electricidad más altas para todos los brasileños, o incluso en consecuencias más graves, como apagones frecuentes.
Para afrontar este reto surgen como solución los Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías, denominados BESS. La tecnología está madura y lista para ser implementada. Sin embargo, a menos que se cree una estructura clara para el BESS, miles de millones de reales en inversiones potenciales quedarán al margen, y los consumidores pagarán el precio.
El panorama energético de Brasil ha cambiado más rápido de lo previsto. En las últimas dos décadas, el país ha experimentado una rápida diversificación de su matriz energética, siendo la energía solar y la eólica —ambas fuentes intermitentes— los principales actores. En los últimos años, hemos visto un crecimiento explosivo en la generación distribuida, lo que ha agregado complejidad a la ecuación.
Al mismo tiempo, el consumo experimentó un aumento sin precedentes, muy por encima del crecimiento del PIB. Por lo tanto, estos cambios han alterado drásticamente cómo, cuándo y dónde se produce y consume la electricidad.
El problema es que nuestra infraestructura energética actual —especialmente las líneas de transmisión y las redes de distribución— no ha seguido el ritmo del crecimiento de las fuentes de generación. En muchas regiones, la red no está preparada para manejar la creciente demanda ni las presiones de la generación intermitente.
Como resultado, aunque Brasil genera más electricidad que nunca, enfrentamos cuellos de botella a la hora de suministrar esta energía donde y cuando más se necesita, lo que provoca un desequilibrio en todo el sistema.
Según EPE (Empresa de Investigación Energética), la solución tradicional sería construir nuevas líneas de transmisión, con inversiones que superan los R$ 100 mil millones en los próximos diez años. Además de los costes que recaerían sobre los consumidores, el aumento adicional de las tarifas eléctricas y las obras no estarían terminadas a tiempo para evitar la crisis.
Ahí es donde entra en juego BESS (Battery Energy Storage Systems). Una tecnología consolidada que ya fue probada fuera de Brasil, BESS puede instalarse cerca de fuentes de suministro —centrales eólicas o solares— y cerca de centros de consumo —ciudades o polos industriales— para aliviar picos de uso de la red y reducir la presión sobre el funcionamiento del sistema eléctrico.
Estas baterías pueden almacenar energía cuando el consumo es bajo o cuando la generación es abundante y despacharla cuando la demanda aumenta o se producen cuellos de botella en la red de transmisión y distribución.
A diferencia de las líneas de transmisión, cuya construcción lleva años, BESS es modular y escalable. Un proyecto de baterías se puede ampliar según sea necesario, satisfaciendo la demanda real en lugar de pronósticos de crecimiento del consumo y la generación que podrían no materializarse. Y lo más importante es que estos proyectos se pueden implementar rápidamente.
En un viaje reciente a China, visité una instalación de baterías lo suficientemente grande como para abastecer a una ciudad brasileña de tamaño mediano y que se completó en solo seis meses.
Para las empresas de servicios públicos, BESS ofrece dos grandes ventajas:
- Pospone la necesidad de nuevas y costosas líneas de transmisión;
- Ayuda a equilibrar la red, evitando apagones y aprovechando mejor la energía ya generada. Para los consumidores, el beneficio es aún más simple: tarifas más bajas y energía más confiable.
La tecnología está probada. La necesidad es urgente. Hay capital disponible. Sólo necesitamos el marco regulatorio. Actualmente, no hay claridad sobre cómo los distribuidores o terceros pueden invertir en BESS y ser remunerados por el servicio.
En cuanto a la remuneración por el uso de la red, los inversores no saben si las baterías serán tratadas como plantas de generación de energía, consumidores o algo completamente diferente. Los desarrolladores, por otro lado, no pueden avanzar sin saber si sus proyectos recibirán una compensación justa.
Este año se había previsto una subasta específica para la contratación de BESS, pero las reglas siguen siendo vagas y el calendario es incierto. El MME (Ministerio de Minas y Energía), ANEEL (Agencia Nacional de Energía Eléctrica) y la ONS (Operador del Sistema Eléctrico Nacional) Debemos actuar con rapidez y decisión antes de que la crisis energética empeore, y cada retraso significa mayores costos para todos.
El país necesita una estructura clara y estable para la implementación del BESS. Tres puntos clave requieren atención urgente:
- Normas de compensación: definen cómo se remunerará a los distribuidores, transmisores y desarrolladores externos por las inversiones realizadas en BESS;
- Tarifas por uso de la red: aclarar si los activos BESS pagan tarifas de red como generadores, consumidores o una nueva categoría que refleje su función única, esencial para dar confianza a los inversores y evitar la doble carga de las baterías;
- Papel de los agentes de almacenamiento: establecer reglas claras para las empresas privadas que poseen y operan baterías, garantizando que estén reguladas de manera justa y sean compensadas por los servicios que brindan a la red.
La elección es sencilla: podemos continuar por el camino de una costosa y lenta expansión de la infraestructura de transmisión y ver cómo aumentan las facturas de electricidad mientras nos encaminamos hacia otra crisis energética. O podemos adoptar soluciones modernas y probadas, como el almacenamiento de baterías, que ofrecen formas más rápidas, económicas y flexibles de alimentar nuestra red.
O BESS no es una tecnología futurista. Ya está suministrando energía a ciudades y aumentando la confiabilidad de los sistemas eléctricos en lugares como Australia, Estados Unidos, el Reino Unido, Chile y China. Brasil tiene el talento, el capital y la necesidad. Lo único que falta es la regulación.
Si Brasil quiere evitar otra crisis en el sector y proteger a los consumidores de facturas exorbitantes, los reguladores deben actuar ahora. Crear un marco claro para el almacenamiento de baterías no es sólo una buena política energética. Es sentido común.
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